29 de junio de 2008

Feliz verano

7 de junio de 2008

Egonizando

La ocurrencia de este juego de palabras se la he robado a mi amiga Pepa Mizin, pues como todo ser humano, a veces (muchas), entro en esa atractiva dinámica de apoderarme del talento de los otros. Pero como en este caso se trata de mi más querida amiga y compañera y como además sé que va a leer esto, más me vale dejar constancia de su ingenio y de paso hacerle un poco de promoción.

Todo esto viene al caso porque el otro día me enteré de que mi generación ya tiene nombre: se llama La Generación Einstein, aunque ninguno de sus componentes hayamos inventado o vayamos inventar jamás algo equiparable a la Teoría de la Relatividad. Han escrito un libro y todo sobre el tema. Dice uno de sus autores, Jeroen Boschma, que los nacidos a partir de 1988 tenemos una capacidad de comunicación sobrenatural gracias al contacto diario con los medios y las nuevas tecnologías; somos más críticos que el resto y aspiramos "a cambiar el mundo". Semos, según esta mierda, los más listos y rápidos desde la Segunda Guerra Mundial. También dice que utilizamos los dos hemisferios del cerebro, al contrario que los miembros de la Generación X (1960-1985), que sólo emplean el izquierdo. Ya sabía yo que era bipolar.

Toda esta crítica tan positiva de los nuevos teenagers me parecería interesante si no fuera porque la han elaborado dos publicistas, el único tipo de persona que todavía puede esperar algo de nosotros. Por eso me he puesto a buscar y he descubierto otro libro que define la nueva generación de forma radicalmente distinta, La Generación Yo, de Jean Twenge. En él nos cuentan que el rasgo definitorio por excelencia de los jóvenes de hoy es el egocentrismo llevado al extremo, como podemos observar claramente en una rápida visita a sus soportes comunicativos preferidos: Myspace, Fotolog, Youtube... Todo un carnaval de autopromoción donde no hay lugar más que para uno mismo, pensado para una generación que ha aprendido que está prohibido no ser alguien, porque ha crecido bajo la consigna de Just do it sobre su cabeza y porque se enfunda en horribles camisetas de colorines con el eslogan 'I love myself' by Bershka. Una generación incapaz de escuchar algo que no le afecte de forma directa o hablar de otra cosa que no sean sus propios sueños. Sueños que comprobarán que no pueden cumplir cuando contrasten la realidad con toda la mierda que tienen en la cabeza, lo que le generará ansiedad, depresión y muchas ganas de morirse. Pero como todavía confiamos en Nike y en la Cocacola, como Chenoa lo hizo y por qué yo no, tampoco hay huevos de quitarse de en medio o empezar a asumir que somos la misma mierda de siempre, sólo que con más recursos para hacer llegar nuestro hedor hasta narices lejanas, narices obstruidas, narices colapsadas ya de oler su propia mierda. Y así nacimos y seguimos: egonizando.

1 de junio de 2008

Es muss sein

Querido Rosseau,


No te escribo esta carta para decirte que no te creo, sino por algo más grave aún: no te comprendo. Lo he intentado de todos los modos posibles, aferrado, casi siempre, a lo fácil que me es relativizar cuando se trata de quien no me importa, pero lo imposible que me resulta cuando se trata de mí mismo, cuando se trata de ti.

Quiero decirte que yo nunca he deseado salvar el mundo. Ni siquiera mejorarlo. El mundo estaba muerto mucho antes de que yo pudiese preocuparme de cómo arreglarlo. Y no quiero hacerle el boca a boca a un difunto, porque aunque jamás lo intenté intuyo ya el sabor a lápida en sus labios eternamente dormidos. El sabor a lápida del infante muerto que nunca nació, y que permanece en su nicho blanco ornamentado de ángeles sombríos. Y esa es la diferencia, quizá, entre mi queja y las tuyas, porque la queja es lo que tristemente nos une de este modo inseparable. Tú cantas para que la belleza te oiga y te envuelva como a un Apolo frío. Yo grito como un Dioniso desesperado para que la miseria se aleje de mí. Y he aquí el origen de nuestra tragedia.

Nunca confié en la belleza. Nunca la vi. O cuando la vi ya había aprendido a desconfiar de ella. Eso me condicionó. La belleza era sólo la máscara del lobo, que quisiera ser perro y sin embargo no lo es. Nunca he querido ocultar que soy un lobo, jamás renegué de mi condición, y por eso no se esfuerzan conmigo y contigo sí. Porque yo despierto el lobo que llevan dentro y tú en cambio lo adormeces, adormeces la esencia y la autenticidad de las personas. Pero el lobo sigue ahí y tú te metes en su boca, y la barnizas con tu gélida saliva de sal. Y el lobo, que existe, espera. Para despedazarte lentamente con sus colmillos.

Duerme, Rousseau. Duerme en tu cueva de ensueño y perros heridos. Duerme mientras yo te odio y te necesito. Como el blanco necesita al negro y la sal al azúcal y el B al C, para existir. Duerme y piensa en mí cuando despiertes. Duerme y piensa en mí cuando despiertes y yo ya no esté contigo. Y si puedes, duerme para siempre. No quiero que la luz te ciegue los ojos. ¿Pero puedo yo vivir en esta pacífica y terrible oscuridad, como un lobo ciego? Es muss sein, mi amado enemigo. Mis ojos ya empiezan a enfermar.

Siempre tuyo,
Tomás Hobbes.

23 de mayo de 2008

Boceto para epitafio I

YO ME CAGO EN MI PUTA VIDA

11 de mayo de 2008

Nuestros amigos del messenger y sus nicks

Quien de verdad te quiere, te hará sufrir. (La masoca).

Cuando quieres algo debes luchar por ello hasta el final. (La chica Bershka).

Si tú eres un caballo yo soy el dueño del hipódromo. (El puerco).

Elegí un mal día para dejar de esnifar pegamento. (La graciosa).

Configuración de frase elocuente en proceso. (El ingenioso).

En Granada. ¡¡¡¡FINDE ESPECTACULAR!!! (La juerguista).

Cuando escucho a Wagner me entran ganas de invadir Polonia. (El snob).

Pedro, estés donde estés, siempre te recordaremos. (El de luto).

Pasando archivos. Mientras estoy en la ducha. (¿Y a quién le importa?).

El amor es la poesía de los sentimientos y la fuerza que despierta nuestros sentidos. (El que liga por Meetic).

I just want to close where you can stay forever, you can be sure that it will only get better. (La políglota).

Gracias por estos dos años y seis meses. (El de las efemérides).

Las personas somos esclavas de nuestras palabras y dueñas de nuestros silencios. (El filósofo).

Decirte Te amo sabiendo que es cierto. (La romántica).

Jejejejejejejejejeje. (El feliz).

Tengo unos primos en Córdoba que valen millones. (Juan Imedio, Juan Imedio, ¿puedo saludá?).

Que me critique a mí. No votar al PP es colocar a ETA en las instituciones. (El fanático).

Pepe. (Dios).

24 de abril de 2008

Lo que cuentan las encuestas (si las responde Ernesto)


Estos días ando liadilla haciendo unas encuestas para la asignatura de Relaciones Públicas sobre el logotipo de una entidad no lucrativa. Han sido muchos los que me han ayudado con respuestas más o menos sinceras, más o menos ingeniosas y más o menos inútiles, pero de entre todos estos sujetos hay uno cuyas impresiones necesito compartir antes de que queden sumidas en el olvido de una carpeta de documentos de word. Aquí os dejo las respuestas de Ernesto García (visitad su blog):

¿Qué te sugiere este logo? Defínelo con tres adjetivos
Ecológico, serio, equilibrado
¿A qué entidad/producto/servicio crees que pertenece? ¿A qué se dedica la entidad?
A una oenegé medioambiental
¿Cómo es el público de la entidad? ¿Quiénes son y que características tienen los clientes/público de esta marca?
Personas de nivel económico y cultural medio-alto con escaso apego a cuestiones materiales debido a una vida cómoda e hipócrita cuya falta de alicientes les impele a cuestionarse memeces que se alejan del ímpetu primario del coito y la búsqueda del sustento. Jugadores de pádel que en ocasiones organizan fiestas en segundas residencias en las cuales, junto a otros como ellos, escuchan música pasada de moda y hablan de las peripecias de la niña pija de erasmus en Alemania, cuyos hábitos relacionales son definidos como "modernos", por no decir directamente que es una pedazo de fulana que se está dejando la vulva por los bosques bávaros. Auténticos hijos de la gran puta que, debido a su escasa catadura moral, se afilian a sectas de esta índole con el objetivo de lavar su conciencia al más puro estilo de un cepillo eclesial de diseño. Jóvenes de escaso talento que se esconden bajo esta clase de acciones para engrandecer su maltrecho ego o poder fornicar de manera regular y cualitativamente aceptable, en una sociedad actual que no acepta el no ser algo, el no estar en alguna parte, el no tener nada que contar constantemente, el no ser guapo por fuera o, al menos por dentro. Agentes de banca maltratadores, peluqueras que no poseen la suficiente sensibilidad para leer a Joyce pero que han cogido un par de revistas de Jorge Bucay mientras se secan las mechas de una charcutera entrada en carnes que no obstante se siente atractiva, y que se sienten culpables por haber tirado a la basura todo el bachillerato después de haber visto una película de Médem. Personas que usan gafas de pasta, jerseys de rayas horizontales y capucha y que, en su mayoría, podrían residir, o han residido alguna vez, en el madrileño barrio de Malasaña, por lo general vegetarianos y adoradores del estilo de vida escandinavo, pero que los sábados por la noche se meten por la tocha el equivalente a lo que cobra una familia media etíope en el plazo de un mes, días laborables inclusive.
¿Es atractivo este logo para ti? ¿Por qué?
Me gustan los árboles, me inspiran confianza. En otro orden de cosas, el color verde es mi favorito después del negro.
¿Te viene a la mente algún logotipo de alguna ONG? ¿De cuáles? ¿Qué te sugiere?
Médicos sin fronteras. Me sugiere un enorme charco o roal de sangre coagulada sobre el cuerpo de una persona inocente que sufre, y en ocasiones me evoca las tetas de Angelina Jolie.
¿Habías visto este logo antes? ¿Dónde?
No. En ninguna parte.
¿Podrías asociarlo con algo que te resulte familiar?
Con alguna agencia de seguros, debido al poderoso poder de evocación que tiene la figura del árbol como símbolo firme y seguro, arraigado en la tierra e imperturbable ante las inclemencias del tiempo y de la vida en sí. Un elemento, el árbol, que crece hacia arriba y sostiene diversas ramas con la solidez que sólo un árbol es capaz de ofrecer, entendiendo por ramas cada uno de los sectores de actuación de nuestros amigos solidarios.
¿Cambiarias algo de él?
Debido a que la actividad de esta organización no se circunscribe al ámbito de las plantas amenazadas, ampliaría conceptualmente el logo incluyendo alguna imagen que simbolizara el drama diario de los inmigrantes en los invernaderos almerienses.

20 de abril de 2008

La Generación 'Amélie'



Casi todos hemos visto el largometraje francés Le fabuleix destin d'Amélie Poulain, más conocido como Amélie. Se estrenó en 2001 y desde entonces no ha dejado de tener repercusión en distintos ámbitos de la vida social. Estos van desde el cine (creó toda una escuela de directores de fotografía y de arte homosexuales que por fin pudieron dar rienda suelta a sus inquietudes estéticas parisinas) hasta la moda (lo retro ha vuelto. Han vuelto los vestidos de lunares y los peinados a lo garçon. Ha vuelto Francia, con todas sus consecuencias).

Pero, ¿qué tiene de revolucionaria esta película que antes de ver confundimos con un filme sobre elfos navideños? Como ya hemos dicho, la estética fue un factor fundamental en el éxito de Amélie. Por primera vez un director de cine galo aunó en 120 minutos todos los tópicos de belleza que tradicionalmente se atribuyen a Francia: cafés encantadores, cuadros de Renoir, costumbres bohemias (como sacar mierdecilla de debajo de un fotomatón), tías buenas que se visten con la ropa de su abuela... Por supuesto el barrio de Montmartre, donde transcurre la historia, sufrió una limpieza étnica importante (ni un solo marroquí aparece en un barrio colonizado por inmigrantes desde hace ya varias décadas). Todo este cóctel rezumante de perfume de Gaultier se mezcló con una atmósfera óptica amarillenta, como de sobres y cartas perfumados. Et voilà!, la Francia ideal de Jean-Marie Le Pen.

Pero lejos de buscar ideología en esta película (algo que ya han hecho otros y que me parece rebuscado), lo que me preocupa de la fabulosa Amélie es el impacto social que tuvo un personaje como el suyo en los ideales femeninos de nuestra época. Cuando se estrenó la película parecía ya que el modelo estético de Pamela Ánderson había dejado de ser un referente: la anorexia y la debilidad del rostro habían llegado a las pasarelas. Había cambiado incluso la forma de insertar silicona en las tetas (el modelo "burbuja explosiva" fue suplantado por la más discreta "lágrima carnosa"). Pero Amélie fue el último empujoncito que faltaba para instaurar las bases del nuevo patrón femenino, al que todavía le faltaba por pulir el aspecto espiritual. El personaje cumplía todos los requisitos: timidez, sensibilidad ante "las pequeñas cosas de la vida" y problemas de interacción social. La antiheroína gabacha había llegado con su bondad pueril para cambiar nuestra vida, incapaz de cambiar la suya propia. Ella no era una chica como las demás: veía conejos donde había nubes y le palpitaba más rápido el corazón cuando se le acercaba su padre (esas cosas que no le pasan a nadie de niño, vaya). Ser una pardilla lánguida ahora molaba, y ya nadie quería la popularidad dorada de las protagonistas de Melrose Place. Ya nadie quería que la admirasen por sus tetones. Y para colmo, Audrey Tatou (la actriz que encarna a Amélie) nos demostró que llevar el pelo corto puede ser muy femenino. Ahora no hay más que salir a la calle: la melena larga ha quedado prácticamente relegada a los Heavys y a los perroflautas.

Todo este cambio en la mentalidad femenina pilló de lleno a mi generación. Por aquel tiempo acabábamos de entrar en la adolescencia y muchas descubrimos que ser rara de cojones podía estar realmente guay y traerte la gloria social. A partir de ahí todo fue muy rápido: las catorceañeras ya no nos poníamos de nick en los chats Hotgirl69, sino Poulain3 o Amelie88. Los pantalones de campana fueron rápidamente sustituidos por los sobrios vestidos que algún día utilizó tu madre, y Bisbal ahora daba asco. Había que escuchar grupos como Souvenir o Noir Désir, contarle a todo el mundo que tocábamos el piano (aunque dejásemos el conservatorio en 2º curso) y sacarle partido a aquella reseña de La Náusea (Sartre, 1938) que leímos en Wikipedia. Por supuesto, Francia era La Meca, el sueño, la sublimada aspiración. Y como buenas amélies debíamos idolatrar todo lo que oliese al país galo, aunque fuera uno de esos quesos apestosos. España= incultura, estética paupérrima, caca, caca, caca. Francia= paraíso esnob del provinciano cosmopolita. Habíamos nacido en el país y la época equivocados. O eso nos dio por pensar.
De cualquier manera, el eslogan de la peli tenía razón: "Amélie cambiará tu vida". Ella nos hizo diferentes a todos. Y por eso seguimos siendo exactamente iguales.